
Que esta Regla, resultado de nuestro discernimiento colectivo, sea un símbolo de la determinación de vivir con alegría nuestra vocación lasaliana con amor; que presente la visión renovada del servicio con los pobres y vulnerables como respuesta a las llamadas de la Iglesia y del mundo para los cuales nuestro Instituto sigue siendo muy necesario; que fortalezca la dimensión contemplativa de nuestra vida con pasión por Dios y por la humanidad; y, que ayude a valorar, aún más, el don de nuestra vida fraterna en comunidad.
Hermano Robert Schieler, FSC
Superior General